Dos Historias Una Misma Pasión

Foto Club Deportivo Simpson

Wilfredo Álvarez, conocido como Simpson y Luis Fernando Gaviria Medina, más conocido como Leo, son dos líderes del deporte en la Comuna. Su pasión por el fútbol los ha llevado más allá de seguir a un equipo profesional, su pasión los ha llevado a entrenar a varias generaciones de niños y a algunas niñas en la comuna 1.
Hemos querido resaltar su labor deportiva a partir de contar la historia de estos dos hombres quienes comparten una misma pasión.
Simpson, el entrenador
Wilfredo Álvarez es un hombre de 42 años de edad. Es Administrador Deportivo. La mitad de su vida la ha dedicado a entrenar niños para jugar fútbol y microfútbol en las pocas canchas con que cuenta la Comuna. Empezó con un semillerito en el parque de Villa de Guadalupe; luego, el interés y la llegada de otros niños fueron ampliando su horizonte hasta que junto a otros líderes montó el Semillero Deportivo Villa de Guadalupe, SEDEVIGUA. En el año de 1999, decidió irse a probar suerte entrenando a otros niños y conformar su propio semillero llamado Club Deportivo Los Simpson. El club cuenta con un grupo de 90 niños ente los 9 años y los 12 años. Cobra una mensualidad de $15000 y participa en torneos comunitarios: en el de la Pony Fútbol y en las Justas Deportivas de la Comuna 1. Al preguntársele por qué realiza esta labor, argumenta que “Para mí esta es una pasión muy grande y es un aporte enorme para que los niños estén por ahí sin hacer nada”. No recibe patrocinio de nadie, “También creo que es importante que participen en actividades comunitarias, culturales, no todo es fútbol”, dice.
Leo, un amante del deporte
Luis Fernando Gaviria Medina es un adulto mayor que tiene 70 años de vida, treinta y cinco de ellos, los ha dedicado al entrenamiento del fútbol en la comuna 1, con niños. Dice que llegó a este oficio porque “un día que venía del trabajo y vi que a unos chicos en el parque de Guadalupe, no los querían dejar jugar porque no tenían con qué pagar la arbitrada, así que yo hablé con el árbitro y le dije que los dejara jugar y los planillara normal, que yo le pagaba. Los chicos se sintieron muy agradecidos y me pidieron que los entrenara, así que me metí en este cuento y ya no he podido dejar de hacerlo”. Así comenzó y se ha recorrido la comuna, la zona y hasta la ciudad entrenando y acompañando a los chicos para que jueguen en los distintos torneos. En la actualidad entrena en la cancha de Guadalupe y va perfilando a los mejores para que estén en un equipo más adelantado. “Yo inicié, como le dije, de pura casualidad y hace tres años quise dejar esto, pero los niños siempre me dicen “ah, don Leo, pero ¿cómo nos va a dejar así? Entonces, yo no soy capaz”, cuenta con la voz medio quebrada el amor que le tiene a todos estos años de trabajo entrenando a niños. Nadie lo patrocina. “Cada quien si quiere puede ir solo a entrenar o a jugar a los diferentes lugares, pero a mí eso no me da para pagarles carro. Soy un pensionado y lo poco que me llega por eso, no lo puedo invertir en taxis y esas cosas”. Su labor se basa en el respeto y en inculcar valores, en ganarle niños a las bandas y apostarle a la paz. “Lo poco que puedo hacer por los niños lo hago con gusto hasta el día en que ya no pueda. Ese día tiro la toalla y me hago a un lado”.

Por: Y Griega Winikott Cano
winikottlibrispapirolibre@gmail.com