Poder en el bolsillo

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El empoderamiento económico es una evolución del activismo social. Cuando una minoría está empoderada económicamente mediante herramientas de emprendimiento, negocios, capacitación, relacionamiento, programas y certificaciones, es mucho menos vulnerable a actos de discriminación.

En un país como Colombia, que ya piensa en el posconflicto, este será un gremio cuyo sector de interés son casi cinco millones de ciudadanos que se reconocen a sí mismos como sexualmente diversos.

Está claro que hablar de inclusión e igualdad no debe ser algo solo del momento, sin embargo, no podemos ignorar la fuerza que han tomado estos dos términos en los últimos años dentro de un ámbito comercial que se liga a la diversidad sexual y de género, donde la población LGBT pasó de ser considerada marginal a un mercado cada vez con más fuerza a nivel global.

Hablar de mercado o dinero rosa (Pink Market), puede sonar extraño para algunos, pero, en realidad, es la categoría que se la ha dado a las transacciones económicas realizadas por la población homosexual, que han evidenciado la fuerza de este nicho a través del consumo.

El mercado rosa es consciente, analítico y tiene memoria, por eso mismo puede volverse un gran aliado o el eterno tormento bajo unas sencillas premisas, no les interesa que la industria los observe solo para hacerse con su dinero. Las marcas deben adoptar valores de la basta cultura popular LGBT y su lucha, para generar un impacto. Si éste es real, logrará agradecimiento, fidelización e identificación del público con su esencia.

Un gran poder de compra, fidelidad hacia las marcas y un consumo creciente son características del mercado LGBT a nivel mundial, pero, ¿cómo pueden aprovechar las empresas ese auge? Los especialistas aseguran que “inclusión” es la palabra clave.

El “mercado rosa”, integrado por compañías dirigidas al público LGBT, tiene un valor de 660 mil millones de dólares a nivel mundial, una cifra cercana al valor de mercado del gigante tecnológico Apple, que es superior a los 700 mil millones de dólares.

La población LGBT de Estados Unidos tiene el mayor poder de compra en el continente americano, con 900 billones de dólares al año y está integrada por más de 20 millones de personas; después sigue Brasil, con 120 billones anuales y más de 13 millones de personas de la comunidad, y después México, con apenas 65 billones de dólares al año y aproximadamente 8 millones de personas no heterosexuales, según datos de la consultora LGBT Capital.

En sectores industriales como el del turismo, salud y cuidado personal, moda y entretenimiento, por mencionar unos pocos, se han logrado desarrollar alrededor del mundo estrategias que establecen a la población LGBT como un nicho de mercado altamente potencial, pero muy poco explorado.

Algunos especialistas consideran que el auge del mercado LGBT se debe a cambios sociales que generan una mayor visibilidad de este sector de la población, pero también lo atribuyen a la apertura de las personas para manifestar su orientación sexual.

Desde las más grandes marcas hasta Mipymes a nivel global, han comenzado a darse cuenta que la población LGBT, no está conformada por ratones de laboratorio, ni ciudadanos de segunda categoría, así que no hay posibilidad de equivocarse, pero sí están las puertas abiertas para quien le apuesta a un desarrollo inclusivo de la sociedad, porque son seres humanos que consumen, día a día, al igual que cualquier heterosexual, y, muchas veces, gracias a unas características especiales de la personalidad, se hace incluso más y con menos limitaciones.

Apostarle al mercadeo y la publicidad incluyente es pensar en un futuro donde se le apuesta a las pequeñas diferencias que segmentan como público objetivo, pero a la vez unen y fortalecen dentro de la misma industria. No vale la pena dejarse llevar por prejuicios conservadores atados a un pensamiento heteronormativo que los convierte simplemente en objetos de consumo, ahora es su voz y son ellos quienes consumen.