Familia = Amor

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Cuando se es padre, la sociedad no nos prepara para aceptar la noticia que nuestro hijo o hija tenga una orientación sexual o identidad de género que rompe con los cánones tradicionales. Es natural, no te juzgues, durante siglos ha perdurado el estigma sobre estos temas, y muchas veces el temor, a que ellos y ellas vayan a sufrir más por la discriminación y el odio de las personas, le gana al amor de familia.

A menudo, los medios y las nuevas generaciones hacen que se vuelva más frecuente escuchar los términos “orientación sexual” e “identidad de género”, pero, desde el desconocimiento pensamos que se trata de una sola cosa, pues se cree que el sexo y el género significan lo mismo. Pero, no es así. En realidad, ¿cuál es la diferencia entre la orientación sexual y la identidad de género?

El término identidad de género se refiere a la conciencia de una persona de sentir pertenencia al sexo masculino o femenino. Es decir, una persona puede sentir una identidad de género distinta de sus características fisiológicas innatas, porque tus genitales no dictaminan quién eres.

Cuando un ser humano se siente atraído por otro de acuerdo al género de éste, es su orientación sexual la que define categorías como heterosexual, homosexual o bisexual, donde hay que tener muy en cuenta que acá hablamos es de una atracción o filiación erótica-afectiva, es decir que se supera el plano de lo meramente sexual. Hablamos desde el amor, afectividad y sentimiento que vemos, tan fácilmente, en una pareja de un parque… Pero, imagínate pensando en lo bello que puede llegarse a ver y lo importante que es una persona para la otra, no es sus nombres, su vestimenta, sus órganos genitales o de con quién se va a la cama.

Si, por ejemplo, tu hija, hijo, hermana o hermano, llegara a decidir contarte su verdad, dejar de mentir y asumirse como una persona con una “orientación sexual” o “identidad de género” diversa… La gran mayoría en esta situación es inundada de preguntas complejas creadas por la sociedad, pero que queremos contarte, no vienen a lugar, sólo se implantan desde el miedo a lo desconocido: ¿En qué me habré equivocado? ¿No voy a tener nietos? ¿Se me va a morir de SIDA? ¿Ésta es una prueba o un castigo divino? ¿Qué van a decir nuestros amigos y familiares?

¡Calma! No hay que estar preparados para aceptar una noticia que no se sitúa en tu educación, pero estos mitos no son ciertos… El ser una persona diferente o diversa, no da lugar a ser un mal ser humano, pero los juicios efectuados comienzan a llegar a nuestra mente porque crecimos en una sociedad que ubica el miedo como mecanismo de control social para mantenernos dentro de unos parámetros de normalidad que obedecen a dinámicas productivas del estado, sin embargo, la mejor solución a estos momentos de crisis es recurrir al amor y, obviamente, a la intuición.

No estar preparados para aceptarlo, sin embargo, no quiere decir que no lo hayan sospechado con anterioridad. Por lo general, los padres – especialmente las madres – intuyen la orientación sexual de su hijo o hija desde pequeños y prefieren suprimir ese sentimiento para que no duela. Suelen atribuir los comportamientos a la niñez o la adolescencia, y no quieren ver la realidad como es.

El entendimiento en sí, sobre la orientación sexual, comienza a desarrollarse en los primeros años de vida, y, aunque muchas personas desconocen la suya propia hasta la adultez, es posible descubrir que se es gay incluso antes de un reconocimiento más profundo. Nada es cien por ciento definitivo. Pero, es de gran ayuda ir aceptando que todos somos diversos y sobretodo mantener una comunicación íntima para que este proceso sea más fácil.

Las familias diversas hacen parte de la construcción de una sociedad, y se debe comprender de esta manera. La adopción, es un ejercicio voluntario de amor y deseo de cuidar de niños o niñas que lo necesitan. Si los hijos biológicos conllevan el orgullo de continuar con la saga familiar, los adoptivos conllevan, además, el orgullo de dar la oportunidad de crecer felices a pequeños en riesgo de exclusión.

Ante esas situaciones, es importante que los niños hayan comprendido desde bien temprano que no hay nada reprochable en la vida de sus madres o padres, y que es una actitud parcial, subjetiva e injusta discriminarlos por los antecedentes familiares. Un niño o niña seguro de sí mismo y confiado en sus progenitores, afrontará mucho mejor las situaciones de bullying (acoso escolar) o estigmatización. Enseñarles a mantenerse tranquilos, a acudir a padres o profesores, en cuanto se sientan acosados, y no dejarles solos ante el conflicto, por mínimo que parezca, son claves para su salud emocional y psíquica.