RESISTIENDO AL INFORTUNIO

Foto tomada de httpsbit.ly2ImF7JD

Enith Zabaraín*, es una mujer desplazada de Carepa Antioquia. Es madre de tres hijos a los cuales crió con mucho esfuerzo, que es igual a decir, con mucho sacrificio.
A Enith es ya costumbre verla en las diferentes reuniones y espacios de participación con un cuaderno y un lapicero tomando atenta nota.
Ella es “una más” entre comillas de las personas desplazadas por la violencia que azotó al Urabá antioqueño.
“Armando mi marido, era un hombre serio y trabajador. Nunca se metió con nadie. No le gustaba la violencia, ni mucho menos las armas.
Un día llegaron los paramilitares buscándolo y le preguntaron delante de mí y de José, mi hijo mayor. – ¿Usted por qué le está dando plata a los hijueputas de la guerrilla?” Cuenta Enith Zabaraín mientras con los ojos abnegados en lágrimas rompe a llorar desconsoladamente. Después de una pausa continúa su relato “Entonces él, mi esposo, respondió calmadamente: ¿Yo? Trabajo para mi esposa y mis cuatro hijos de sol a sol ¿Cómo pueden acusarme de algo así?” el tipo ése lo cogió de un brazo y se lo llevó sin decir nada más. A los dos días y después de tanto buscarlo lo encontré arriba en Carevieja, la vereda. Entonces de puro miedo cogí a mis pelaos y busqué otro rumbo. No por miedo a que me sucediera algo a mí sino a mis muchachos”.

Llegó a la Comuna 1, Popular, porque allí vivían algunos de sus familiares. Han pasado siete años desde eso, sus hijos terminaron los estudios y el más pequeño apenas entra en la secundaria. Con mucho trabajo ha conseguido que sus dos hijos mayores José y Manuel terminen el colegio e hicieran una tecnología ¡Al menos! Exclama con ese brillo en los ojos. “El tercero Luis, es el que me da más brega. De pronto porque creció sin el papá” reflexiona mientras mira a lo lejos.
Se le ve con Luis en todo seminario, conversatorio, encuentro u otro evento que haya en la comuna. No pregunta nunca nada, pero se advierte que presta bastante atención a todo debido a sus comentarios. “Vea, a mí me gusta mucho venir a estas actividades porque de pronto algún día sí me encuentro con alguien que me ayude a conseguir una casita que me dé paz y tranquilidad. Pero me ha pasado como a ése que andaba con una chivita buscando la paz y volver a su tierra y nada”.
Se refiere a Heriberto Sandoval, humorista de sábados felices quien personificaba a un colombiano desplazado, que iba de oficina en oficina buscando un certificado de desplazado y al no encontrar soluciones en cada sesión que se presentaba le decía a su chiva llamada Colombia ”Sí ve Colombia, aquí todo el mundo habla de paz, pero nadie se compromete”.
Enith Zabaraín lleva cinco años esperando que le den la indemnización que le corresponde por su condición de desplazada, una casa, dice ella, para sentirse bien como cuando vivía en Carepa, y aunque ha realizado todas las diligencias solicitadas su sueño sigue truncado “ Ahí me toca esperar con paciencia. Sé que en algún momento mi dios me va a ayudar”.
Mientras espera Enith Zabaraín sigue yendo a cuanta reunión la inviten, porque tiene la esperanza de que su participación en los diferentes espacios se convierta o le ayuden a certificar que ella es una persona de bien. En definitiva una buena ciudadana.

*Nombre cambiado por protección.

Por: Y Griega Winikott Cano.
winikottlibrispapirolibre@gmail.com
Foto tomada de httpsbit.ly2ImF7JD